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Una nueva adicción: Trigger Happy

Oh, levantarse temprano en días de vacaciones tiene sus regalías. Claro, la televisión matinal no tiene mucha gracia si no tienes cable. Sobre todo esta semana en que todo gira alrededor del festival de Viña del Mar. El nivel de estupidez puede ser peliogroso para la salud.

Así que haces zapping al resto de los canales. Muchos ofrecen sólo infomerciales a esa hora (entre las 8:30 y las 11:00) pero unos pocos mantienen su programación normal. Entre esos, I Sat muestra a eso de las 9:00 un programa británico de humor: Trigger Happy.

Viendo en una misma frase las palabras “humor” y “británico” probablemente pienses que se trata de algo aburrido. Para nada. Lo de Dom Joly y compañía no tiene que ver con lo que podríamos llamar “humor británico” sino con el absurdo, con lo impensado, y bueno, con las reacciones de la gente puesto que el programa funciona en torno a la cámara escondida.

Un tipo disfrazado de tortuga cruzando lentamente un paso de cebra; un “dálmata” enfrentándose con un… eh, otro tipo con disfraz de perro; un ladrón sacado de caricaturas -sueter a rayas, antifaz negro, gorro, un saco en la mano- pidiendo ayuda a los transeúntes de un parque. Todo grabado por una cámara oculta ante los incrédulos ojos de los paseantes.

Les dejo un clip como para que se hagan una idea. Yo voy a seguir buscando capítulos.

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Baudelaire decía que los “ebrios amantes de la carne” no sabían apreciar la elegante desnudez del esqueleto que colmaba “su gusto más oculto”. No sé. La Biblia se refería a ocultar la desnudez como “cubrir sus vergüenzas”. Creo que esa frase me gusta más. Porque algunas desnudeces no tienen ninguna elegancia.

Si, Pinochet finalmente ha muerto, y si hacemos caso a Davor Jguranovic en sus nerviosos despachos desde el Hospital Militar para TVN, se murió “definitivamente”. Puedo especular sobre las razones del lapsus linguae. ¿Tal vez no era cierta tamaña noticia? ¿Un vago temor de que el viejo general se levantara de entre los muertos? Quizá sólo era la emoción de estar ante un momento histórico, la muerte del patriarca que desnudó los nervios del periodista.

Murió Pinocho y el hecho sacó a la superficie nuestras reacciones más ocultas. ¿Cuántos de quienes conoces lloraron el domingo en la tarde? ¿Cuantos, por el contrario, no pudieron reprimir un grito, una explosión de emociones contenidas, un “¡bien, mierda!”, un “¡se murió el viejo culiao!” ? Nuestra chilenidad al desnudo, caramba. ¿A qué ocultarlo? Pinochet fue esa sombra que marcó nuestras existencias, desde niños, lavándonos el cerebro en las escuelas, a través del canal nacional, de los diarios de la cadena El Mercurio. Ahi estábamos nosotros repitiendo como loros palabras como liberación nacional, Unidad Popular o cáncer marxista, jugando a los soldados, formándonos como soldados, correctamente uniformados, para cantar el himno nacional los lunes en la escuela; yendo los domingos a la plaza a ver marchar al regimiento Tucapel.

Y sin embargo ahí estábamos en 1986, jugando a hacer panfletos y tirándolos en el recreo, leyendo la revista Hoy y la Análisis que -gracias, viejo- siempre estuvo al alcance en mi casa, pero también consiguiéndose algo a escondidas revistas de humor, riéndonos con el ingenio de Hervi y tantos otros que dibujaban en Apsi, Cauce, Análisis y Hoy -me pregunto que pasó con el humor gráfico en la transición, pero eso es material de otro artículo. Arrancando del humo de las lacrimógenas por las calles de Temuco y tratando de recoger algún panfleto, algún fragmento de información subversiva. Porque al final era eso, rebelarse contra el sistema, contra lo que nos era impuesto, contra la obligación. Oponerse a Pinochet de alguna forma también era desafiar a nuestros mayores.

Veinte años han pasado y ahí estamos, caminando por la Alameda rumbo a Plaza Italia, y la gente grita abiertamente lo que antes debían decir arrancando, mientras automovilistas hacen sonar sus bocinas y la gente celebra como si hubiera ganado la selección chilena de fútbol. Plaza Italia huele a fiesta y algunos empuñan botellas de champaña mientras el sol hace hervir sus cabezas.

No hay muerto malo

Si, parece que esta muerte desnuda lo peor de nosotros. Por un lado los flaites de siempre aprovechando la ocasión para el desorden, haciendo destrozos, quemando autos -como si el dueño tuviera culpa alguna de quien sabe qué. Por otro lado, la prensa chupapicos (no me malentienda, vea el “Diccionario de Paremiología Chilena”, de Andrés Sabella) blanqueando la imagen del dictador. Queda claro que Canal 13 se cuadró con el difunto -el Mega nunca lo veo. Ahí está Honorato, hablando con la familia Pinochet, moviéndose a gusto entre los deudos, y me da asco. Muy a la chilena, parece que ahora pucha que era bueno el finado… No era el Diablo -él es más atractivo- pero ciertamente tampoco era ningún ángel.

Si, la muerte desnuda a aquellos uniformados que siguen siendo fachos a pesar de los pesares -mírese si no el discurso de su nieto capitán de Ejército durante sus funerales, la inacción de carabineros cuando la prensa nacional e internacional era agredida. Fachos, los curas que intentan convencernos de que el Primer Infante de la Patria fue un héroe o un role model. La jerarquía eclesial muestra la hilacha, olvidando a sus mismos sacerdotes muertos por la dictadura. Holy crap.

Le preguntan al presidente del PC, mientras escribo, si le parece ético brindar por la muerte del defacto. Si, claro, incluso si luego del golpe muchos partidarios del régimen celebraron con champaña por la muerte de Allende, pareciera que no es un sentimiento muy edificante alegrarse o celebrar la muerte de alguien. Pero la víscera a veces nos traiciona, y en este momento histórico, fue la víscera y no la razón quien primero tomó la palabra. Luego vendrán los análisis y la discusión seria. Ahora sólo se escucha el grito primal.

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